El adios de Benedicto XVI y la Sede Apostólica vacante

Benedicto XVI con los CardenalesVaticano, 28 Feb. 2013 (NR).- En su última jornada como Sumo Pontífice, Benedicto XVI ha vuelto a colocar el listón muy alto: pidió a los Cardenales que sean como una orquesta que sepa llegar a una armonía superior y concorde; lo que significa que pese a los diferentes instrumentos y formas de ejecutar, virtuosismos y habilidades, sin desafinar, estén unidos de corazón en un mismo y único objetivo, llegar a una armonía espiritual tal que solo haga audible la melodía compuesta y dirigida por Nuestro Señor.
Entre vosotros –les dijo- está el futuro Papa, a quien prometo desde ahora mi incondicional veneración y obediencia.
En esos momentos el Papa nos sorprende y conmueve con su expresión serena y sonriente. Se lo veía alegre a pesar del cansancio que reflejaba toda su imagen.
Durante los días transcurridos desde que anunció su renuncia, Benedicto XVI nos ha ido llevando, como guía espiritual, a “sintonizar” desde la fe los acontecimientos que comunican los medios, para que podamos discernir lo que esta pasando. Nos ha transmitido su profunda convicción–experimentada en su propia vida, y sobre todo durante estos ocho años de papado- que la Iglesia solo es de Dios, y la conduce con los hombres e incluso a pesar de los hombres.
En el cónclave (con llave), en la mayor intimidad y haciendo iglesia desde las entrañas, los Cardenales deberán discernir sobre el gobierno de la Iglesia, los problemas y retos planteados, las prioridades, las cualidades del futuro Papa de cara al siglo XXI, y también decidir quién será el sucesor de Pedro; y el pueblo católico ora para que lo hagan sin olvidar lo que acabamos de ver testimoniado en el ahora Papa Emérito: que no estamos hablando del ejercicio de un “poder” sino de un ministerio traducido en servicio a la humanidad, a la creación, a la Historia de Salvación que viviremos hasta la parusía.

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